La Flor Azul que no para de crecer: un ejemplo del rol productivo y social de las mujeres en el territorio rural

Un placer acompañar a Marcela en este hermoso proyecto de turismo rural. FELICITACIONES!!!

Turismo rural
09 de Agosto de 2020
Por Magalí Corujo

«Hoy, la mujer está cada vez más empoderada en todas las áreas y de esto se trata. De reivindicar su rol y de empezar a pensar que este cambio es parte sustancial en la construcción de los nuevos espacios rurales resilientes y participativos», dice Magalí Corujo, que nos invita a reflexionar como cada domingo.

“Dile, dile chacarera, a esa flor azul, que de noche yo la busco por la Cruz del Sur”, reza la reina Mercedes con su canto.

Y es que en la Flor Azul, casa de Campo ubicada en el Paraje Ortiz de la ciudad de Zárate, esa guitarreada armoniosa se confunde con los sonidos de la naturaleza, sus aromas, sabores y colores; y la combinación perfecta para pasar un día de campo se materializa en la conjunción de estas ideas.

Desde Corré La Voz, dialogamos con Marcela Marozzini, la productora propietaria del lugar; una casa de campo que combina la producción agroecológica con el turismo rural de cercanía: » La Flor Azul » nace de la chacarera homónima, de esa búsqueda del ideal, de mi Edén personal. Es en primera medida mi hogar, el lugar donde me desarrollo como persona y artista, ya que, si bien soy profesora de música y me dedico laboralmente a ello, también escribo y pinto. Entonces, estar en este lugar, rodeada de naturaleza, incentiva mi parte creativa y el disfrute del entorno, siempre con un criterio de respeto hacia ella”. 

Como verán, este lugar es un claro ejemplo de la mezcla de distintos saberes que se combinan para darle paso a actividades productivas que se llevan a cabo en sinergia con el ambiente, en donde la producción de alimentos agroecológicos en el sector y la promoción del turismo rural son las piezas claves de la identidad territorial y cultural de La Flor Azul

Con una producción frutícola mayormente, entre la que podemos encontrar naranjas, pomelos, limones, mandarinas, ciruelas, manzanas y duraznos; el espacio central del lugar cuenta con un quincho cerrado, con todas las comodidades y con vidrios repartidos que le dan la sensación de un gran invernadero, “permitiendo estar adentro mientras se disfruta visualmente del afuera”, nos cuenta Marcela.

También está en formación un pequeño museo a cielo abierto de herramientas rurales y utilizan un viejo tanque australiano, al que le han adosado un muelle, como lugar de esparcimiento en el verano. Además, cuentan con experiencias de trabajo y asesoramiento con distintos organismos oficiales, tales como el INTA, la Universidad de Quilmes y la Escuela Argentina de Negocios.

El proyecto aún no termina de armarse y actualmente se encuentran construyendo “El Jardín de Rosas” (para sentarse a disfrutar colores y aromas), el “Camino del Bienestar” (entre plantas aromáticas), el “Refugio de Libros” (una suerte de biblioteca ecléctica para leer o escribir), la “Casa de Dulces” (donde convierten su producción en dulces y mermeladas), y viejas casillas de chacareros que servirán para recibir huéspedes, de cara a la reactivación de la actividad en la pos- pandemia.

“La producción agroecológica en Zárate y alrededores tiene su mascarón de proa en el Paraje Ortiz, donde muchas familias que pertenecen a Experiencia Rural Zárate realizan estas prácticas para el consumo propio y venden el excedente en la zona”, nos cuenta Marcela. En estos días La Flor Azul se ha sumado a los nodos agroecológicos de producción y consumo, una tendencia mundial, necesaria para alimentarnos con “alimento verdadero”. Los productores creen fielmente que los alimentos libres de agrotóxicos también son un derecho del ser humano, que “permitirán un mejor desarrollo personal basado en su salud, en lo que lo nutre desde el inicio de sus días por un lado, pero también para devolverle al planeta esa salud que tanto necesita”.

Así, “Del productor al consumidor. Naturaleza en tu mesa”, es un programa de productores y productoras de Paraje Ortiz, y reúne a la Flor Azul en producción frutal y de nogales, a “El Encuentro” en pimientos, miel, acelga y sustrato de compost y a La Nochera en la producción de huevos de campo. Juntos, promueven la soberanía y seguridad alimentaria en la zona con alimentos de este tipo, sin cámaras de frío y sin transporte de miles de kilómetros; destacándose principalmente el trabajo de las mujeres rurales en el área.

En este sentido, considero importante destacar en el marco de las acciones a nivel provincial en el ámbito rural, el encuentro de la primera mesa de mujeres rurales de la provincia llevado a cabo recientemente, en la que participaron el ministro de Desarrollo Agrario Javier Rodríguez, la ministra de Mujeres, políticas de género y diversidad sexual Estela Díaz, la presidenta de INTA Susana Mirassou, entre otros funcionarios. En líneas generales, se debatieron temas tales como el acceso al crédito, la conectividad, la capacitación para formar cooperativas, el fomento y la difusión del turismo rural, los programas de producción agroecológica y el potenciamiento de los mercados comunitarios desde una perspectiva de género inclusiva; entendiendo la importancia de los trabajos de la mujer en la nueva ruralidad para el desarrollo y crecimiento comunitario de estas actividades.

En 16 años se ha duplicado en el país la cantidad de mujeres al frente de actividades agropecuarias, ocupando un lugar central en la organización de todas las actividades asociadas y considero de vital importancia la necesidad de la implementación de políticas públicas con perspectiva de género y diversidad en el ámbito de la ruralidad, que desde tiempos inmemorables ha estado asociada al trabajo de los peones rurales en el sector, quedando la mujer muchas veces desplazada y encasillada en las tareas que “comúnmente” se le asociaban bajo el modelo patriarcal.

En algunas notas pasadas, les conté acerca de las transformaciones en los espacios rurales. La configuración territorial de estos espacios que resurgen y van de la mano de actividades como las que se promocionan en La Flor Azul; vienen a formar parte de este nuevo enfoque, que deja de lado la cuestión de género, e impone los saberes de los distintos actores sociales a favor de las economías regionales en manos de aquellxs que saben trabajar la tierra con el arraigo a la cultura local como bandera. Hoy, la mujer está cada vez más empoderada en todas las áreas y de esto se trata. De reivindicar su rol y de empezar a pensar que este cambio es parte sustancial en la construcción de los nuevos espacios rurales resilientes y participativos.

Con respecto a esto, Marcela nos cuenta: “Los tiempos van cambiando y la ciudad avanza sobre los espacios rurales, por lo que van reconvirtiéndose y readaptándose al paso del tiempo y la modernidad. De la misma manera el rol de la mujer de campo se ha visto impulsado al cambio, empoderando sus saberes, no sólo para ser valorados sino para que los transmita y muchas veces se han convertido en la razón de ser de un nuevo producto turístico, invitando a los visitantes a realizar actividades de su vida diaria, y la consecuente valoración de sus saberes”.

Es que de esto se trata: de entender que la nueva ruralidad está imponiéndose y avanzando cada vez más, y que este proceso está sucediendo aquí, en nuestra ciudad y en las ciudades vecinas. Estas son las opciones que tenemos para combinar una alimentación saludable en base a productos agroecológicos, producidos con perspectiva de género bajo el concepto fundamental de fomentar la soberanía alimentaria y entender que el cambio para preservar la biodiversidad que nos rodea está en nosotrxs mismos, eligiendo estas alternativas una vez pasada la pandemia y difundiéndolas.

Pequeños productores que nos ofrecen sus espacios de cercanía, para desacelerar el ritmo y detenerse a sentir y disfrutar el ahora. “Haciéndolo con una pequeña caminata, con talleres de Arte, con mini conciertos, con desayunos o meriendas con mermeladas, panes, budines, y dulces que hacemos con nuestra producción agroecológica. Pasar tardes en familia o en soledad, para reír y charlar o para estar en silencio y leer un libro o pintar. Para caminar descalzo entre flores o para sentir el pulso de vida de la naturaleza en el Roble del Abrazo”.  

La Flor Azul está creciendo. Se prepara lentamente para vestirse de los colores del cielo en la primavera y todos los miércoles se viste de gala para recibir a los consumidores que impulsados por esta idea de alimentación saludable, se acercan a la tranquera a buscar sus pedidos.

Desde la tranquilidad de este lugar, Marcela los invita a esto. Y nosotrxs, con nuestro aporte, seguiremos contándoles estas historias de vecinxs nuestros, para que conozcan las posibilidades que ofrece nuestra zona en materia de ambiente, agroecología y ruralidad.

Si quieren visitar o conocer más información sobre La Flor Azul, pueden contactarse a través de las siguientes redes sociales:

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